CRÓNICA DE LA GUERRA
LOS EMBERA KATÍOS, VÍCTIMAS
DEL FUEGO CRUZADO
- Debieron desplazarse a Bogotá para visibilizar
su cruda realidad ante el país.
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En
medio de dos fuegos se debaten alrededor de 700 indígenas
embera katíos de la comunidad Conondo del resguardo
Tamí, en el municipio chocoano de Bagadó,
desde hace más de dos años cuando comenzaron
los incruentos combates de los actores del conflicto.
La situación en esa población rural a 80
kilómetros de Quibdó es de permanente zozobra,
pues las tropas adscritas al Batallón Alfonso Manosalva
Flores combaten contra tres grupos insurgentes: el frente
34 de las FARC, el frente Manuel Hernández del
ELN y un grupo disidente de esta organización subversiva
llamado Ejército Revolucionario Guevarista. El
panorama en esa región "es de miedo, desprotección
y hambre", afirma en diálogo con ¿Que
Qué?, Avelino Arce, líder de esa comunidad
aborigen.
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Debido a los constantes enfrentamientos entre
militares y guerrilleros, los indígenas enfrentan una
alarmante situación porque no pueden sacar desde hace
tres meses sus productos agrícolas ni adquirir sus provisiones,
dado que el Ejército tiene bloqueada la vía que
conduce a Santa Cecilia, el último corregimiento de Risaralda
que limita con el Chocó.
Esta comunidad indígena del suroccidente
chocoano se encuentra abandonada a su suerte, no cuenta con
servicios de salud ni educación, menos con infraestructura
básica en materia de servicios públicos y el conflicto
armado les ha arrebatado su tranquilidad y también su
hábitat.
Mientras la guerrilla instala minas antipersonales
en buena parte del resguardo donde esta comunidad siembra sus
cultivos de pan coger, el Ejercito montó campamentos
de combate dentro de las cabeceras del resguardo y se abastece
arrebatándoles a los indígenas los productos agrícolas
y los animales que ellos cultivan y cuidan, con lo cual encontró
una excelente fuente de provisión.
COMIENZA EL DRAMA
Alfonso Manukama Arce, gobernador del cabildo
relata que en Conondo se vivía en tranquilidad y sosiego
hasta cuando el 19 de diciembre de 2005 irrumpieron la cotidianidad
de los indígenas cuatro ruidosos helicópteros
que bajaron de las alturas y de los cuales salieron una gran
cantidad de soldados armados hasta los dientes que comenzaron
a requisar los ranchos, pisotear los sembrados y a maltratar
de palabra y de obra a la comunidad, acusándola de ser
cómplice de la subversión.
El ventarrón y el ruido que producían
los helicópteros artillados generaron estupor entre varios
indígenas, sobre todo en los niños, que buena
parte de ellos huyeron despavoridos monte adentro.
La orden era perentoria: acabar a como dé
lugar el frente 34 Aurelio Rodríguez de las FARC que
opera en esa región chocoana. Si bien la guerrilla merodea
"nuestro resguardo nunca nos ha causado daño",
coinciden en señalar los líderes Arce y Mankuama.
Tres meses después, el 12 de marzo de 2006
en horas de la tarde, el Ejército volvió a Conondo
donde protagonizó un fuerte combate con la guerrilla
en medio de la población indígena que atemorizada
buscaba refugio. El resultado: siete aborígenes heridos
y un niño muerto, así como la destrucción
de una docena de viviendas.
A partir de ese día los bombardeos desde
los helicópteros no han parado y simultáneamente
los indígenas también deben soportar los atropellos
de la Policía. En efecto, el sábado 26 de mayo
de 2007, mientras la comunidad preparaba el desayuno el ESMAD
(Escuadrón Móvil Anti Disturbios) de la Policía
arrinconó frente a las aguas del río San Juan
a varios niños y adolescentes indígenas, entre
ellos a Gloria Inés Arce de 6 años de edad, quien
está desaparecida aunque se presume que se ahogó
como consecuencia de la brutalidad policial. En esos hechos
también fueron victimas de las acciones policiales una
niña de tan sólo seis meses que murió por
efecto de los gases lacrimógenos y tres mujeres emberas
katíos que estaban embarazadas fueron afectadas por los
gases, hasta tal punto que llegaron en muy malas condiciones
a sus viviendas y después abortaron.
SE REBOTÓ LA COPA
La paciencia de este resguardo indígena
ante los atropellos y las injusticias de la fuerza pública
no se pudo contener más. El hecho que rebosó la
copa fue el pasado 14 de mayo cuando el Ejército incrementó
el número de hombres en el resguardo. La soldadesca llegó
maltratando a los pobladores, revisaron a la fuerza sus ranchos,
tumbaron enseres, techos y arrasaron con todos sus cultivos.
Su propósito era capturar guerrilleros y encontrar material
bélico, por cuanto que hacía unos pocos días
las FARC se habían tomado el corregimiento chocoano de
San Marino y el Ejército tenía militarizada la
zona. Sin embargo, no encontraron absolutamente nada y luego
de los destrozos que causaron se fueron lanzándoles amenazas
en el sentido de que si no desalojaban el resguardo continuarían
los bombardeos.
En medio de tanto atropello y humillación y al hecho
de que la guerrilla retuviera a un indígena del resguardo
para sacarle información, la comunidad decidió
movilizarse para denunciar a la fuerza pública por su
proceder y solicitar al gobierno nacional reparación
por los daños ocasionados. Por esa razón, entre
el 28y 29 de mayo 134 indígenas embera katíos,
llegaron al la Terminal de transportes de Bogotá, entre
ellos 91 menores de edad, para visibilizar su cruda realidad
ante el país.
Es la primera vez en muchos años que Bogotá recibe
un éxodo de tales proporciones. Pese al drama, el Gobierno
Nacional a través de la Oficina de Acción Social
se negó a reconocerlos como desplazados de la violencia
porque el informe de que rindió el Ejército no
acepta los desmanes cometidos. En contraste, la atención
que recibieron fue gracias al Gobierno Distrital del alcalde
Samuel Moreno Rojas y la Personería a cargo de Francisco
Rojas Birry.
SECRETARÍA DE GOBIERNO LIDERA ATENCIÓN
Y CUSTODIA
Ante esta crisis humanitaria y la despreocupación
por parte del Gobierno Nacional, la Secretaría de Gobierno
de la capital a cargo de Clara López Obregón,
determinó ejecutar un Plan de Manejo Unificado con la
colaboración de otras entidades del Distrito como la
Personería, el IPES, Misión Bogotá, Secretaría
de Salud, y Secretaría de Integración Social,
la Cruz Roja Colombiana y Corabastos, para coordinar las acciones
que permitan atender en forma digna a estos colombianos indígenas
víctimas del conflicto y buscar los mecanismos para que
puedan retornar a sus tierras.
Hasta el cierre de esta edición los 134
indígenas despalzados aún se encontraban en un
albergue temporal en el coliseo El Tunal, al sur de la ciudad,
donde reciben atención médica, alimentación
y otros servicios.
La Secretaría de Gobierno trabaja como
garante para que Acción Social de la Presidencia de la
República se comprometa en la reparación a estos
compatriotas por los daños ocasionados en su territorio
por parte de la fuerza pública y puedan retornar a su
resguardo en mejores condiciones socioeconómicas y de
seguridad, comenzando por la desmilitarización de su
resguardo.