LA POLÍTICA COMO TEMA PREDILECTO EN
EL CENTRO DE LA CAPITAL
LOS CAFÉS, REFUGIOS DE LA TERTULIA
BOGOTANA
- Estos centros de reunión constituyen un foro permanente
en el que se conversa de todos los temas sin mayores protocolos
y cuyo modesto requisito es que la persona tenga algo que decir.
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La discusión
política hierve a la misma temperatura que lo hacen
la greca de los tintos y la tetera de las aguas aromáticas.
Las teorías y estrategias socio-políticas
fluyen con una facilidad que cualquier candidato a cargo
de elección popular o politólogo que se
respete, codiciarían por la imaginación
de los avezados contertulios. Las voces son múltiples
y simultáneas. A veces se sobreponen, otras se
fragmentan, son animadas, tete á tete, para luego
confluir en un mar que abarca y une a todas las personas
que rodean la mesa. Los temas son cambiantes, entremezclados.
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En pleno centro de Bogotá, funcionan en
su entorno numerosos "tertuliaderos" que de algún
modo prolongan la tradición de los antiguos conventículos
frecuentados por burócratas, políticos y empresarios
en descanso de su oficio, artistas y desocupados que gastan
el tiempo en chismorreos y especulaciones pero que, a menudo,
podían aplicarlas en situaciones concretas. Hoy, la influencia
de estos lugares está disminuida, pero no ha dejado de
operar, especialmente en el ejercicio profesional de cada participante,
sea periodista, burócrata, maestro, abogado, conspirador
o, indudablemente, espía o detective. Hay nombres muy
conocidos, como El Automático, el San Moritz, El Pasaje
en la Plaza del Rosario, el Pasaje Santander, el San Café,
a los que se agrega de manera continua el sinnúmero de
expendios de tinto a modo de "escampadero" de miniempresarios
ante la crisis económica con que se ha iniciado el siglo
XXI, o establecimientos de cadena, que son los que tienden a
fortalecerse y no desaparecer.
Los cafés constituyen un foro permanente
en el que se conversa de todos los temas sin mayores protocolos
y cuyo modesto requisito es que la persona tenga algo que decir.
En Bogotá se iniciaron en el siglo XX por
la influencia europea y por la expansión cafetera y terminaron
convirtiéndose en el sitio preferido de reunión
de los estudiantes, mezclados en forma heterogénea con
periodistas, literatos, políticos y personas comunes
y corrientes amantes del tinto y las meseras. Por el café
"Windsor", uno de los primeros de la incipiente ciudad,
pasó la generación de los "Los Nuevos"
, entre ellos, León de Greiff, Luís Tejada, Luís
Vidales, el caricaturista Rendón, el visitante ocasional,
Tomas Carrasquilla, los hermanos Lleras Camargo, el historiador
German Arciniegas, los intelectuales Jorge Zalamea y Gregorio
Castañeda Aragón, quienes tenían en común
no haber visto el mar, y se reunían entusiasmados en
torno a un estudiante samario que les contaba de su grandiosidad
y les mostraba una concha marina que cada uno se aplicaba por
turnos en la oreja para "escuchar los cantos del océano".
Transformadores de cultura
Los cafés siempre han sido, tanto reveladores como transformadores
de cultura. En las ciudades, fueron los núcleos de encuentro
y conversación, desde los primeros en Arabia, pasando
por París, donde ya eran importantes en el siglo XVII
-Voltaire frecuentaba los cafés-, siguiendo a Viena,
a Budapest y a Madrid.
Estos cafetines del centro bogotano se han convertido
al despuntar este nuevo siglo en el epicentro de la tertulia
de unos cuantos "opinadores" que no pueden dejar de
pasar diariamente por estos establecimientos para comentar el
desarrollo de los acontecimientos, pero también para
planificar o para cerrar un determinado negocio. La habitual
clientela de estos cafés es la síntesis de la
clase media colombiana, pues es su exacta radiografía
que aprovecha para desahogar su cotidianidad o sus aspiraciones.
Entre tinto y tinto es muy común encontrar
estrategas militares que nada tienen que envidiar a los tácticos
castrenses legendarios, el chino Sun Tzu o el prusiano Clausewitz;
o seudo especialistas en proyectar campañas electorales,
analistas internacionales y de geopolítica. Todos los
días estos contertulios se reúnen para tratar
de arreglar el país y analizar la cotidianidad del ya
inveterado conflicto colombiano. Sus protagonistas son monotemáticos:
hablan sólo de las incidencias políticas. Estos
lugares de tertulia se han constituido en diarios testigos de
las angustias, expectativas y esperanzas de intelectuales, seudointelectuales,
electoreros, aprendices de políticos, jubilados, poetas,
pintores, abogados, tinterillos y hasta embaucadores que encuentran
allí refugio para rumiar sus angustias, exaltar sus pequeños
éxitos profesionales, o simplemente para pasar las horas
comentando las desgracias nacionales.