¿PARA DÓNDE VA EL CINE COLOMBIANO?
POR PEDRO CLAVER TÉLLEZ
Víctor Gaviria
|
 |
Mucha gente se queja de que las películas
colombianas insisten en el tema de la violencia. Les parece
que ya ha sido suficientemente tratado. Pero no dicen
nada de la cantidad de violencia que vemos en el cine
norteamericano, inclusive en el que pasan por televisión.
Frente a esa avalancha, la violencia nuestra que ha sido
llevada a la pantalla es apenas una muestra incipiente.
Para tratar este tema hemos consultado al cineasta Víctor
Gaviria y a un grupo de investigadores que ganaron una
beca del Ministerio de Cultura para descifrar, desde las
artes, el estado de "melancolía social"
en que nos encontramos los colombianos.
|
¿Qué piensa Víctor Gaviria
al respecto?
"Yo pienso que lo que caracteriza todas instituciones
de la vida nacional, regional y local es siempre la irrupción
del mal. Un mal que aparece en forma de corrupción, de
abusos de poder, en el despojo y el asesinato. La violencia
no es un problema de ahora, viene de tiempo atrás, es
una característica de la vida nacional. La verdad es
que, a pesar de que todo el mundo se lamenta, esta es una sociedad
donde la violencia siempre se ha manifestado como una forma
de resolver esas situaciones. Es una forma normal de trascender
la vida nacional y no podemos desconocerla, a pesar de las quejas
de todo el mundo.
-- Los que se quejan son, por lo general, personas
que insisten en mostrar la cara bonita del país...
-- Eso parece. Yo he visto lo que han hecho varias
de las personas que me han pedido que no insista en la violencia.
Ellos, por ejemplo, han publicado unos libros de promoción
de la ciudad de Medellín. Libros con unas fotos muy bellas.
Pero no hay gente en esas fotos. Entonces tu no puedes atender
a los que dicen que no hagas películas de violencia,
pues, cuando ellos muestran la ciudad, la muestran sin gente.
O sea que ellos realmente no pueden criticar nada porque ni
siquiera incluyen a la gente en sus pensamientos y en sus ideas".
LA MELANCOLÍA SOCIAL
Gaviria tiene razón. Así nos duela,
somos parte de una sociedad enferma y las artes simplemente
reproducen el ambiente en el que se desarrollan. Así
lo demuestra un estudio reciente de un grupo de investigadores
que se ganaron una beca del Ministerio de Cultura. Hacen parte
de él Alejandra Jaramillo Morales y los sicoanalistas
Clara Maya, Jairo Villa y Fabián García.
La primera parte de ese estudio contiene un análisis
minucioso de la temáticas y el impacto de siete películas
estrenadas durante los últimos cinco años: Golpe
de estadio, La vendedora de rosas, La pena máxima, El
carro, Te busco, La virgen de los sicarios y Edipo alcalde.
"El cine es expresión de esa enfermedad
social violenta --dice Alejandra Jaramillo Morales, directora
de la investigación--. Llevamos un guardado de siglos
de violencia y dolor y esa melancolía que produce es
la que no nos deja mover. Por eso, las películas pueden
ser un elemento catalizador. Tenemos un arte que se queja y
denuncia todo el tiempo. Eso ya es una evolución".
"La situación del país y del
cine mismo -agrega- llevan a la imposibilidad de narrar desde
la esperanza o el optimismo y más bien se cae en un imaginario
social de decadencia. El tema fundamental es que no tenemos
elementos sociales que nos muevan a querer transformarnos y
salir de este estado"
Una de las conclusiones del estudio asegura que es fundamental
que quienes hacen cine en Colombia centren su interés
en hacer más películas, no por su rentabilidad
financiera o para hacer una industria, sino por la certeza de
que el cine es una herramienta fundamental para que las sociedades
puedan explicarse a sí mismas, para darse una imagen
que ayude a descifrar su identidad y sus propósitos sociales.
"El cine cuenta la realidad y nos la devuelve para reelaborarla
.Por eso, no podemos pedirle que también nos ciegue frente
a nuestra realidad".
LAS PROPUESTAS DE GAVIRIA
- Después de todas las experiencias buenas
y malas que has tenido en la elaboración de tus películas
que, en cierta forma han roto con la manera de hacer cine en
Colombia, ¿para dónde cree que va el cine colombiano,
qué posibilidades tiene, qué formas de explorar
la realidad crees que sean las más eficaces, las más
interesantes?
- El cine colombiano está vivo. Cada año
se están terminando un promedio de quince películas.
Lo lamentable es que muchas de esas películas no toman
en cuenta la realidad. La eluden. Es como si no existiera conciencia
de crear un mercado de trabajo, como si no les importara la
existencia del cine. Parece que se mueven por otras necesidades
de contar historias, de decir cosas con tal de llegarle a todo
el mundo. Pero están fuera de la realidad.
- Ocurre lo mismo con otras artes, la literatura,
por ejemplo. ¿No le parece?
- Sí, buena parte de la literatura está
aislada del país. Por eso el cine se presenta como una
oportunidad para llenar ese vacío. Hay que hacer películas
realistas, que indaguen en nuestra realidad, que nos muestren
como somos. Pero hay cineastas que no creen en el cine realista.
Piensan que no se puede crear un mercado para esa clase de cine
y ceden a la tentación de hacer cualquier cosa que guste
para recuperar la inversión.
- Sin embargo, este es un país que desea
conocerse, verse reflejado en el arte, en la literatura...
- Eso es verdad. Yo creo que Colombia es un país
que está en interrelación, en diálogo.
Donde se reúnen dos personas siempre están preguntándose
qué pasa en el país, para dónde vamos.
Todo el mundo opina sobre lo que pasa. En fin, yo creo que hay
muchas propuestas, entre ellas la mía. Yo hago una propuesta
de cine real, pero, de todas maneras, eso obedece al temperamento,
a la sensibilidad, a la educación de cada director.
- ¿Es muy complicado hacer cine en Colombia?
- Complicadísimo. Conseguir el dinero para
hacer una película que, por lo general, cuesta más
de mil millones, es una locura. Yo creo que sólo se podrá
hacer cine en el futuro, en la medida en que uno tenga coproductores
por fuera, en España, por ejemplo.
- ¿Hay, realmente, interés de los
productores españoles por el cine colombiano?
- En España hay por lo menos veinte productores
interesados en coproducir, no sólo con nosotros, sino
con cineastas de los países latinoamericanos. Es un negocio
bueno para ellos porque por cada coproducción reciben
del Estado español 200 o 300 mil dólares. Es la
única manera de hacer cine ahora. España ha decidido
darle la mano a Latinoamérica.