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...::: ECONOMÍA :::...

¿CUÁL PROSPERIDAD?

GRANDES "FUGAS" Y GRANDES NEGOCIOS

POR HELENA VILLAMIZAR GARCÍA-HERREROS


Dos noticias publicadas por El Tiempo, "Aumenta el éxodo de colombianos" y "Dinero que sale de Colombia supera los ingresos por remesas", 1/ ilustran las verdaderas consecuencias del modelo aplicado desde principios de los noventa, y el cual, contra todas las evidencias, el gobierno de Uribe Vélez se empeña en profundizar hasta límites inconcebibles mediante el TLC y cambios en la legislación que lo "ambientan". Ellas reflejan dos caras de una misma moneda: las grandes ganancias obtenidas por la inversión extranjera y la tragedia de millones de colombianos obligados a migrar por la miseria, la falta de oportunidades y el envilecimiento de las condiciones de trabajo durante todos estos años.

Como señala igualmente editorial de ese diario, la migración continuó y no precisamente por la violencia sino por la falta de oportunidades.
Como si el deterioro de las condiciones laborales de los colombianos hubiese sido insuficiente, la administración Uribe impulsó una reforma laboral aún más empobrecedora, y cuyos negativos resultados en empleo ya son irrefutables. Ésta busca ser complementada mediante reforma tributaria que reduce aún más el ínfimo ingreso disponible de los colombianos con la imposición de IVA a la canasta familiar, en tanto rebaja los impuestos al gran capital y se le conceden condiciones de "estabilidad jurídica", para que no se afecten sus "expectativas de ganancia", mediante el TLC y leyes que buscan anticipársele.

Que las utilidades de la inversión extranjera superen las remesas de los colombianos en el exterior es muy grave, pues estas últimas NO corresponden a giros de tan sólo unos cuantos colombianos que migraron. NO; dichas remesas provienen de "fugas" de capital humano, de millones de colombianos, la mayoría altamente calificados, cuyo país les ha dado la espalda mientras obsequia todas las garantías a capitales extranjeros que NO corresponden a inversión nueva generadora de mayor riqueza, sino a privatizaciones y al traspaso de propiedad de nacionales a dichas manos. Mientras tanto, la inmensa mayoría de colombianos carece de las más mínimas garantías incluso de la vida. Tan solo una mirada a la situación de los desplazados y de la salud revela este dramático contraste.

Afirmar que a Colombia le ha ido bien o que está iniciando una era de prosperidad y que el TLC coadyuvará a su bienestar constituye una escandalosa mentira. Las inmensas llagas de un modelo fracasado están a la vista aún cuando el gobierno las quiera disfrazar para beneficios de unos pocos y del capital extranjero.
Las remesas de utilidades, que alcanzaron 1858 y 3689 millones de dólares en el segundo semestre de este año y en el 2005 respectivamente, corresponden a grandes negocios, ingentes traslados de rentas al exterior sin que en su inmensa mayoría aporten un ápice de verdadera transformación productiva al país. Pues no se trata de inversiones tipo Intel en Costa Rica, sino de simples cambios de títulos que le confieren a los extranjeros el poder de trasladar al exterior parte del PIB producido en Colombia y que constituyen "filtraciones" al ingreso nacional con evidentes perspectivas crecientes. ¿O qué otra cosa es la venta de Bavaria, la de Phillips Morris, la de Granahorrar al BBVA en el 2005 y otras cuantas privatizaciones como la de Carbocol y Telecom que constituyeron expropiación a los colombianos de importantes fuentes de riqueza en beneficio de multinacionales extranjeras?

Se oculta que la reinversión de utilidades de estos inversionistas extranjeros es ínfima y que la remisión de utilidades es cuantiosa. Por ejemplo, en el sector petróleo, según cifras de balanza de pagos, sólo han reinvertido, ¡atención!, un 1,6% de lo que han girado al exterior como "reembolso de capital" entre 1994 y el 2005. Y el promedio anual del capital reembolsado sobre lo efectivamente invertido ascendió a 87%; es decir, en tan sólo un año y dos meses dichos inversionistas habrían recuperado el capital invertido en Colombia. Y ello sin incluir el giro de utilidades, de las cuales se reinvirtieron apenas el equivalente a 4,3% entre 1994 y 2005. ¡Pobres inversionistas! ¿Será por eso que el presidente Uribe busca garantizarles a través del TLC mejores condiciones y garantías de las que ya gozan a cambio de NADA y por eso privatizará Ecopetrol?

El discurso oficial no puede ser más lejano a la realidad al afirmar que hemos progresado. El crecimiento se redujo, la participación de la industria y la agricultura en el PIB cayó en 4,5 puntos del PIB entre 1990 y el 2004; la distribución del ingreso empeoró y la pobreza aumentó. El propio Plan de Desarrollo del presidente Gaviria reconocía en 1990 que "...Colombia registró desde finales de los sesenta un progreso distributivo más rápido que ningún otro país en la postguerra con una excepción Taiwán entre 1945 y 1953" (Pág. 42) "La población viviendo por debajo de niveles de pobreza se redujo del 50% a mediados de los sesenta al 42% en 1971, al 28% en 1978 y al 225 en 1988" (pág.56). Dramático contraste con la situación actual en la que aún bajo las acomodaticias cifras del DNP, la pobreza aqueja al 50% de los colombianos y al 70% de la población rural y en que el coeficiente de concentración del ingreso GINI supera el de principios de los noventa. Semejante deterioro abonó los factores de violencia, como lo revelan los espeluznantes relatos sobre el poderío alcanzado y actuaciones de grupos armados en la sociedad.

Progreso sí ha habido pero para unos pocos colombianos y para el capital extranjero. A la luz de los resultados la historia no podrá eximir de responsabilidad al presidente Uribe ni a los congresistas y múltiples cortesanos que contribuyen a profundizar la catástrofe en que está sumida Colombia al aprobar leyes y un TLC que ensombrecen aún más el futuro de los colombianos.

1/ Por Mauricio Galindo y Jorge Correa y Galindo y Edilma Pérez Octubre 4 y 8.

 

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