EL COMODÍN DE LA POPULARIDAD
EL LEGADO ECONÓMICO DE UN GOBIERNO ILEGÍTIMO
Por HELENA VILLAMIZAR GARCÍA-HERREROS
- Además de las serias secuelas institucionales, el gobierno
Uribe ha dejado consecuencias económicas y sociales muy
graves, que reflejan la real escala de prioridades distributivas
y la ausencia de una estrategia de transformación productiva.
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Los elevados
índices de popularidad del gobierno de Álvaro
Uribe no impedirán que la enorme sombra de ilegitimidad
que lo circunda quede impresa en la historia. La denuncia
presentada por Rafael García, ex jefe de informática
del DAS, sobre un fraude electoral en el 2002 de 300000
votos en la Costa Atlántica gestado por el hoy
extraditado "Jorge 40", y sobre lo cual nada
volvimos a saber los colombianos, así como la condena
por cohecho a Yidis Medina por la venta de su voto para
la reelección, plantean muy serios interrogantes
sobre los cauces non sanctus que llevaron al poder al
actual mandatario. El cambio del "articulito"
de la Constitución, con el apoyo de mayorías
uribistas en el Congreso que conquistaron su curul gracias
a alianzas con el paramilitarismo, permitió a Uribe
ampliar su poderío en todos los ámbitos
de la vida nacional hasta límites inconcebibles
en una democracia.
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La torcida reforma constitucional rompió
por completo el equilibrio de poderes y le significará
al reelegido presidente la potestad de elegir en tan sólo
unos meses, nada menos que la totalidad de los miembros de la
Corte Constitucional, al igual que en otras instituciones de
gran trascendencia en la vida nacional.
¿Cuál blindaje de la economía?
Además de las serias secuelas institucionales,
la administración Uribe ha dejado consecuencias económicas
y sociales muy graves, que reflejan la real escala de prioridades
distributivas y la ausencia de una verdadera estrategia de transformación
productiva. Si bien el entorno internacional excepcionalmente
favorable indujo altas tasas de crecimiento los dos últimos
años, esta expansión no resultó sostenible,
como lo revelan los resultados de la industria, las licencias
de construcción y el comercio en el transcurso del 2008.
Suficiente evidencia que contradice a quienes hasta hace poco
sostenían que la economía estaba blindada frente
a los avatares externos o que había alcanzado una "senda
de crecimiento sostenido".
No obstante la bonanza económica vivida
hasta hace unos meses, el empleo no mostró la misma evolución
favorable; pese al crecimiento del PIB de 7,5% en 2007, Colombia
registró la segunda mayor tasa de desempleo en América
Latina y el Caribe (11,6 frente a 8% en la región según
la CEPAL). Este resultado no es fortuito; es reflejo de una
política en la que el empleo no constituye objetivo prioritario
y se le considera simple subsidiario del crecimiento económico;
como si la teoría económica y múltiples
experiencias no hubiesen demostrado la inexistencia de vínculos
automáticos entre los dos fenómenos. Sin duda
la aguda revaluación del peso y la indiferencia oficial
al respecto han tenido un peso fundamental en la generación
de desempleo y en la escogencia de técnicas ahorradoras
de mano de obra, cuyas secuelas se seguirán sintiendo
a largo plazo. La generación de empleo en cambio sirvió
de disculpa para arrebatar a los trabajadores conquistas laborales
y rebajar sus ingresos mediante la Reforma Laboral, una muestra
más de política regresiva de la administración
Uribe.
En contraste con la inacción en materia
de empleo este gobierno se ha distinguido por su empeño
de exonerar de impuestos y subsidiar a los grandes capitales
y en particular al extranjero. Las exenciones y garantías
brindadas a estos alcanzan proporciones exorbitantes e impedirán
efectuar una reforma tributaria estructural como lo denunció
Horacio Ayala, ex director de Impuestos Nacionales. Según
Juan Camilo Restrepo dichos beneficios alcanzan 5 billones de
pesos y la sola deducción de impuestos por compra de
activos 3 billones. Tanta generosidad contrasta con las enormes
preocupaciones fiscales aducidas para rebajar las pensiones
mediante reforma constitucional aprobada por el Congreso; una
burla más a las instituciones, pues el pueblo había
negado dichas reformas en el Referendo.
Seguridad Democrática solo para grandes
inversionistas
Las garantías de estabilidad jurídica
otorgadas a grandes inversionistas, la ampliación de
las exoneraciones de zonas francas, los subsidios a los más
poderosos, resultan escandalosos en un país en el que
mas de dos millones de niños trabaja por pobreza, según
la OIT; el 12% de los niños sufren desnutrición
el 33,2% de los menores entre 1 y 4 años sufren de anemia,
según la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional
en Colombia y millones de colombianos carecen de acueducto.
Y como si fuera poco, en una nación donde la crisis humanitaria
del desplazamiento y su inatención por parte del gobierno
le ha hecho merecedor de varios llamados de atención
de la Corte Constitucional; pues la "Seguridad Democrática"
no alcanza para estos ciudadanos desvalidos. Según ACNUR
el desplazamiento aumentó por segundo año consecutivo
en el 2007. Tampoco alcanzan los recursos fiscales para estos
olvidados del Estado, pero sí para que en 2007 se eliminara
el impuesto a las remesas a los inversionistas extranjeros sin
importar el sector, sus bonanzas de precios, que sean nuevas
inversiones, absolutamente nada distinto a que su propiedad
sea extranjera. Naturalmente dichas dádivas tendrán
que compensarse con otros impuestos a los colombianos o mayor
endeudamiento público, pues el mandato Uribe también
deja desequilibrio fiscal y amplio déficit exterior.
Son muchos los legados de este gobierno en mejoras
de rentas para los grandes inversionistas en contra de los intereses
de los colombianos; entre ellos se destacan las grandes privatizaciones
del más valioso patrimonio público, la prórroga
de contratos con transnacionales impidiendo que revirtieran
a la nación importantes yacimientos petroleros como correspondía
legalmente, así como la liquidación del ISS para
transferir grandes rentas de la seguridad social a empresas
privadas. Las inauditas acciones marcadas por las preferencias
distributivas del actual mandatario tuvieron su más clara
expresión en la fallida operación Carimagua que
intentó despojar a los desplazados de tierras para ser
asignadas a ricos empresarios.
Y en materia ambiental su legado de complacientes
fumigaciones no impidió que la superficie de cultivos
ilícitos se ampliara y sí en cambio deterioró
las relaciones con Ecuador.
¿Podrá el regresivo reparto de rentas
y tributos del gobierno Uribe y la firma de tratados internacionales
profundamente lesivos a los intereses de Colombia garantizar
la paz así obtenga grandes triunfos militares?