El escándalo de Carimagua
HACIA LA MAYOR INIQUIDAD
POR HELENA VILLAMIZAR GARCÍA-HERREROS
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- El caso Carimagua constituye el último
atropello por parte del gobierno Uribe contra los colombianos
más débiles y desposeídos.
"En mi
familia hay tres millones de desplazados, 3.200 secuestrados,
10.000 desaparecidos" rezaba uno de los carteles
exhibidos en la marcha del 6 de marzo en solidaridad con
las víctimas del paramilitarismo y de crímenes
de Estado y de rechazo a estos actores armados. Esta frase
y muchas otras que se repetían en la masiva movilización
ciudadana, al igual que en la multitudinaria marcha contra
las Farc, revelan el terror y el inmenso dolor vivido
en Colombia sobre el cual se hizo memoria.
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Pero infortunadamente éstos no sólo
son parte del pasado. Ni las Farc, no obstante la muerte de
Raúl Reyes, ni el Eln han sido derrotados, ni los grupos
paramilitares han desaparecido. Tampoco los factores de miseria
y la profunda desigualdad del ingreso, que se encuentran en
la base del conflicto interno han sido superados, y cuya solución
es imperativa para alcanzar la paz; por el contrario exhiben
una gran persistencia a la cual el aporte de la política
económica es innegable.
Sin duda el premio Nobel en iniquidad social le
corresponde a las políticas con los desplazados. Ninguna
otra medida ha tenido un efecto tan directo como el caso Carimagua,
en el cual se despojó de tierra a las víctimas
de la violencia. Insólito pero cierto. No sólo
menos del 1% de los desplazados reconocidos por el propio gobierno
ha recibido tierras, que corresponden a menos del 1% de los
seis millones de hectáreas que se apropiaron a sangre
y fuego los paramilitares y narcotraficantes, sino que el Ministro
de Agricultura, Andrés Felipe Arias modificó la
política de subsidios e impuso requisitos para acceder
a la tierra que en la práctica son imposibles de cumplir
para un campesino.
La Corte Constitucional en varias ocasiones tuvo
que amonestar al Ejecutivo por la situación de abandono
de esta gran masa de colombianos víctimas de la violencia.
Pero en el caso de Carimagua los hechos revisten mayor gravedad
pues la intervención del Procurador se originó
no en una omisión, sino en un atropello contra los derechos
fundamentales de esta población en grave estado de indefensión.
Desconocimiento a derechos fundamentales
Carimagua constituye un eslabón más
en la cadena de desconocimientos de los derechos de los colombianos
menos favorecidos en la que el ministro Arias es protagonista
de primera línea, al igual que el Incoder, instituto
cuyos ilícitos y corrupción en materia de asignación
de tierra de desplazados a paramilitares en el pasado es suficientemente
conocida. La Ley Forestal, recientemente declarada inconstitucional
por no haber consultado a los indígenas y afrodescendientes,
igualmente demuestra el desprecio del ministro Arias por la
legislación cuando se trata de los derechos de minorías
o de la población más vulnerable. Dicha ley igualmente
significaba el favorecimiento de las multinacionales y el atropello
del medio ambiente.
Estos últimos actos revelan un marcado contraste con
el derroche de leyes creadoras de nuevos y sustanciales derechos
a sectores privilegiados que ha caracterizado las funciones
del ministro, y en las cuales los palmeros ocupan lugar destacado.
Estos no sólo han recibido múltiples incentivos
tributarios, facilidades crediticias, de cofinanciación
y amplio apoyo institucional en los seis años de gobierno
Uribe, sino que además el despojo de Carimagua a los
desplazados vuelve a poner a los palmeros en el complejo escenario
de sus relaciones con el paramilitarismo, que ha marcado la
historia reciente de entregas irregulares de tierras y los desplazamientos
de población asociados a la expansión de los agrocombustibles.
Tan grandes esfuerzos sectoriales han hecho a Arias merecedor
del título de ministro de la palmicultura dado por Vladdo.
Las razones esgrimidas por el gobierno en el caso
Carimagua son un insulto a la inteligencia de los colombianos.
Aducir, como lo ha hecho el ministro Arias que "no les
vamos a entregar tierras malas a los desplazados" podría
ser un mal chiste si no se tratase del incalificable despojo
de tierras destinadas en el 2004 precisamente a la población
más vulnerable y en mayor estado de desamparo en Colombia.
Según estas revelaciones ministeriales, entonces la oportuna
intervención del Procurador finalmente salvó a
los pobres palmeros de ser engañados por el ministro
Arias y el Incoder quienes pretendían asignarles tierras
de tan mala calidad y sobre todo a los exorbitantes costos de
¡atención! $ 14.705 anuales por hectárea
durante diez años, -equivalentes a siete bolsas de leche-,
y de 117.674 pesos anuales por hectárea en los siguientes
cuarenta años. ¡Se salvaron los palmeros!
Lamentablemente la cabeza de la cartera de agricultura
se encuentra peligrosamente desinformada, por decir lo menos,
pues la supuesta mala calidad de la tierra fue categóricamente
desmentida por un grupo de expertos que no sólo estudió
los suelos de Carimagua durante una década sino que desarrollaron
muy diversos tipos de cultivos sin problema, (El Tiempo (14/2/08).
El ministro no sólo está gravemente desinformado
sobre la calidad del suelo; también desconoce la infraestructura
de la zona. Como ha revelado el senador Jorge Enrique Robledo,
"Arias, insiste en la falacia de que "el predio está
muy alejado de cualquier casco urbano" (El Tiempo, Feb.10.08),
refiriéndose a Puerto Gaitán y a Villavicencio.
"Pero lo que silencia el ministro, es que la relación
económica del predio no es con Puerto Gaitán ni
con Villavicencio sino con Orocué, que queda apenas a
22 kilómetros en línea recta y que está
conectado con Yopal por una carretera pavimentada en casi toda
sus extensión y que posee un aeropuerto para aviones
jet".
El presidente Uribe, igualmente "desinformado",
considera que estas tierras dadas a los desplazados se volverían
"rastrojo de pobreza e improductivos". Aparentemente
el mismo temor lo ha asaltado frente al patrimonio público.
Carimagua constituye el último atropello
por parte del gobierno Uribe contra los colombianos más
débiles y desposeídos. Ninguna "Comisión
de notables", creada bajo falaces argumentos gubernamentales,
podrá avalar ante la sociedad colombiana esta incalificable
expropiación.