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...::: EL MUNDO
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COREA DEL NORTE Y EL DOBLE
RASERO
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El Consejo
de Seguridad de Naciones Unidas aprobó ayer sábado
la resolución 1718 2006, la cual impone duras sanciones
económicas, comerciales y armamentísticas
a Corea del Norte por su prueba nuclear del lunes 9 de
octubre. El castigo impuesto por las potencias nucleares,
naciones que han monopolizado la tecnología atómica
para fines bélicos y ocupan los puestos de mayor
importancia en el consejo, pone en evidencia la hipocresía
que ha prevalecido en esta crisis.
No es gratuito que el embajador norcoreano ante Naciones
Unidas, Pak Gil Yon, acusara al Consejo de Seguridad de
tener "doble moral": por un lado, "no es
capaz de mencionar una palabra de inquietud a Estados
Unidos"; por otro, permite que este país amenace
"con ataques nucleares preventivos y agrave las tensiones
reforzando las tropas armadas y realizando ejercicios
militares conjuntos en gran escala cerca de la península
coreana".
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El diplomático norcoreano tiene argumentos
de sobra para acusar de hipocresía a los miembros del
consejo: entre Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Gran
Bretaña han realizado mínimo 2 mil detonaciones
nucleares, en la superficie o subterráneas, con el silencio
e incluso la complicidad de la ONU. Otras naciones han sido
toleradas por razones geoestratégicas, como India, Pakistán
e Israel. Ante este panorama, ¿qué nación
tiene calidad moral para decidir quién tienen derecho
a poseer o no esta tecnología?
Baste señalar a Estados Unidos y Gran Bretaña,
cuya moralidad y civilidad supuestamente garantizan un buen
uso de esas armas. La guerra contra el terrorismo emprendida
por Washington desde hace poco menos de cinco años ha
dejado una larga estela de violaciones a los derechos humanos.
Y el Consejo de Seguridad no ha actuado en consecuencia, a contracorriente
incluso de la propia Carta de la ONU, que reprueba invasiones
unilaterales como la de Irak. ¿Tiene Washington derecho
a decidir quién usa o no la energía atómica?
Sin embargo, los representantes estadunidenses en Naciones Unidas
parecen actuar como si así lo creyeran. La resolución
contra Corea del Norte no sólo contempla las sanciones
típicas: también prevé restricciones derivadas
de la legislación antiterrorista impulsada por George
W. Bush a raíz de los ataques de 2001. La iniciativa
Proliferación Segura, aprobada en 2003, alienta a los
países a prohibir la venta y compra de armas a Corea
del Norte, Irán y otros país considerados peligrosos
por la Casa Blanca, e inspiró una disposición
de que todos los países inspeccionen la mercancía
que sale o entre de la nación asiática.
Si bien China dijo al consejo que permitiría que se adoptara
la disposición, pero no la aprobaba, esta maniobra muestra
el talante estadunidense en esta crisis. Por un lado impulsa
las sanciones más duras para Norcorea incluso propone
el uso de la fuerza y por otro limita el margen de maniobra
para eventuales acercamientos. Por fortuna China y Rusia han
impedido o suavizado distintos aspectos de la sanción,
como la mención de un posible uso de la fuerza para solucionar
esta crisis. "China exhorta firmemente a los países
interesados a adoptar una actitud prudente y responsable al
respecto, y a abstenerse de tomar medidas provocadoras que puedan
intensificar las tensiones", dijo el embajador de Pekín
en la ONU, Wang Guangya.
Sin embargo, el camino que ha seguido la comunidad internacional,
encabezada por Washington, está lejos de la prudencia
y de la moral. Por un lado es incapaz de medir con la misma
vara situaciones similares: ¿qué es más
peligroso, Estados Unidos con cientos de cabezas nucleares,
o Corea del Norte? Por otra parte, es capaz de condenar a millones
de personas a la miseria más espantosa sólo para
castigar a una nación que asume su derecho a la tecnología
de punta.
La Jornada de México.
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