EL ENTREACTO
POR JUAN MANUEL LÓPEZ CABALLERO
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Es
probable que este fin de año sea uno de los más
inciertos en cuanto a lo que le deparará el próximo
a Colombia. No son pocos los temas truncos y los que perdieron
relevancia o quedaron en segundo plano ante el protagonismo
que tomo el escándalo de la "parapolitica".
Cuando uno oye decir que lo que está
sucediendo es puro teatro lo primero que cruza por la
mente es evaluar hasta donde puede ser posible esa afirmación.
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Lo que sí es verdad es que por el momento
pareciera una obra de suspenso, en la cual acabamos de ver el
primer acto y pasamos a un entreacto a la espera de lo que ofrecerá
el siguiente.
Muchas opciones se presentan, y sobre diferentes
temas.¿Seguirá la misma trama o aparecerá
otro tema que cambie el interés de los espectadores?
¿Acabará con visos de tragedia o
de comedia lo que viene? ¿Estarán actuando de
acuerdo a un libreto predeterminado los actores, o cada uno
intentará improvisar y ganar espacios en el escenario
gracias a sus capacidades actoriales?
¿Cuál será la estrella en
el acto que sigue? ¿Y cuál la de toda la obra?
Sea como sea, podemos alejar transitoriamente
de la mente la preocupación de si todo lo que ha padecido
el País y sufrido la población es porque todos
estamos comprometidos con la parapolítica; o de si solo
existen responsabilidades personales; o de sobre qué
opinar respecto a 18.000 ganaderos que se declaran insatisfechos
si el paramilitarismo desaparece de sus regiones; o, sobre todo,
si todos estos argumentos no son sino una forma de sedación,
y lo que nos espera es la legitimación de todo el proceso
político que requirió de esos delitos y esa barbarie
para imponerse.
Podemos desentendernos durante unos días
de lo que significa como nivel de corrupción los escándalos
del DAS, Cofiagro, Incoder, la Superintendencia de Notariado,
el Consejo Nacional de Estupefacientes, Cajanal, Invias, la
DIAN, Aerocivil, y otras dependencias oficiales.
Podemos olvidarnos pasajeramente de lo que pasa
en el país en lo que concierne a derechos humanos, a
la violencia, al desempleo, a la desinformación de las
cifras tergiversadas por las autoridades, a las deformaciones
del modelo democrático que suponemos tener, al aumento
de la pobreza y la desigualdad.
Y dejar de preocuparnos por el deterioro de las
relaciones con nuestros vecinos inmediatos, el aislamiento en
que nos encontramos dentro de nuestro propio subcontinente,
o el rechazo interno e internacional al gobernante y al gobierno
americano que han dictado el rumbo de nuestra Nación
en tiempos recientes.
Durante un par de semanas perderá importancia
el TLC, y los debates sobre el
real o supuesto crecimiento económico, a nadie importará
qué quedó pendiente
de la agenda legislativa, ni como se subsanarán los vacíos
que no se alcanzaron a llenar a pupitrazos.
Para bien o para mal todo queda suspendido durante
esta temporada decembrina; y, teniendo en cuenta el escepticismo
que personalmente tengo respecto a lo que seguirá después,
quiero sugerirles y desearles a mis lectores que ojalá
disfruten al máximo este entreacto, que tengan muchas
fiestas antes de año nuevo (ojalá parrandas como
en los viejos tiempos), y que después de ellas, de la
forma más activa se esfuercen y contribuyan a que el
año que viene cambie la trama de nuestra historia para
que así
tengamos un venturoso 2007.