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Se
usa en los Estados Unidos la expresión
de 'políticamente correcto' cuando
se busca evitar tocar temas que molesten o
generen polémica a su alrededor, y
se prefiere pasar de agache con una mentira
suave que no incomode a nadie.
Voy a ser deliberadamente 'incorrecto'.
Aclaro que considero que la marcha del 6 de
Marzo debe ser tomada como un complemento
de la del 4 de Febrero, y que lo que se expresó
fue la solidaridad con las víctimas
de todas las atrocidades vengan de donde vengan.
Pero no comparto que se considere
igual a los causantes de esas atrocidades,
que se hable de la 'simetría' o de
la 'universalidad' para no diferenciar la
barbarie de las FARC y la de los paramilitares.
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Aún si fuese solo un pretexto,
las FARC declaran un propósito altruista, de
cambiar el mundo para los excluidos, los explotados,
y todos los calificativos que les dan, mientras los
paramilitares nacieron de una razón expresamente
centrada en la defensa contra la amenaza a sus personas,
a su derecho de propiedad como terratenientes, o a
su condición privilegiada en la sociedad actual.
Los unos cometen sus desafueros por cuenta y a nombre
de una ideología que ellos mismos defienden;
en el paramilitarismo no se sabe que es peor si el
que mata por la paga -el para raso- o el que paga
por matar -quienes los mandan y los financian-.
Por otro lado los medios no son comparables:
Las FARC han apelado al secuestro, un delito considerado
incluso por algunos como más cruel que el homicidio
mismo. Pero el descuartizamiento, la motosierra, las
fosas comunes, son muestras de una barbarie, una crueldad
y una sevicia que va más allá
Y a eso se adiciona que con el secuestro la guerrilla
busca conseguir recursos económicos, pero no
es un fin hacer daño, mientras el objetivo
paramilitar de aterrorizar a la población civil
indiscriminadamente para que le dé temor apoyar
a la guerrilla -acabar con la teoría del pez
en la pecera-, hace que a sus actos los haya caracterizado
justamente lo salvaje, cruel y aterrador de ellos.
Tampoco son igualables los resultados:
la guerrilla ha cometido miles de secuestros y atemorizado
a quienes se sienten susceptibles de ser sus víctimas;
pero el número de afectados por las masacres
y los desplazamientos, y el dolor causado por los
paramilitares es decenas o centenares de veces mayor.
Y porque tampoco parece aceptable afirmar que el Estado
no está involucrado ni es corresponsable de
dicha barbarie, cuando es lo contrario: lo sería
de todas maneras si no por acción sí
sin duda por omisión; y es ese un agravante
puesto que no es lo mismo el que un fuera de la ley
ejerza un acto repudiable a que lo cometan las autoridades
en quienes delegamos el derecho al uso de la violencia
legítima para impedir justamente que la barbarie
prevalezca sobre la ley y la justicia.
Y esto lleva a la cuestión de
hasta dónde se pueden calificar de crímenes
de Estado los que se cometen o se permite que se cometan
porque supuestamente son una necesidad política.
Estamos ante casos de generales, de autoridades civiles,
de más del 30% del Congreso, de nombramientos
de embajadores, de 'coincidencias' ideológicas
y personales que no permiten aceptar la teoría
que esto ha sucedido no solo sin la anuencia sino
sin el respaldo de lo que genéricamente se
llama el establecimiento; y un registro de 955 ejecuciones
extrajudiciales bajo este gobierno (según informe
ONU OEA); confesiones de comandantes paras reconociendo
haber ordenado 200, 300, y hasta 1.200 muertes; el
cálculo de la fiscalía de 13.000 homicidios
con desaparición, enterrados en 3.000 fosas
comunes; el área abandonada por la población
desplazada de 2.6 millones de hectáreas, según
la Contraloría en su estudio La política
pública sobre desplazamiento forzado en Colombia:
¿sólo buenas intenciones?, de marzo
de 2005; la cifra de desplazados que oscilaría
entre los 2 y 4 millones, según el viceministro
de Agricultura, Fernando Arbeláez, en el seminario
sobre restitución de propiedades a población
desplazada, de diciembre de 2007 (la peor tragedia
del hemisferio occidental según la oficina
de refugiados de la ONU); y ya más de 60 congresistas
vinculados a procesos por parapolítica
y ante todo esto no más de diez condenas, y
una ley de 'Justicia y Paz' que en la práctica
no solo da impunidad a los victimarios sino no atiende
para nada a las víctimas. Alegar que por no
haber ente coordinador no se puede hablar de Crímenes
de Estado es minimizar estos hechos asumiendo que
son meras coincidencias y negar que detrás
hay una coordinación tácita, en la medida
que los actores saben que sus acciones están
respaldadas por la aceptación que les dan los
diferentes sectores dueños del poder dentro
del 'establecimiento' (la que a su turno la venden
al resto de la población); se puede hacer la
diferenciación de que no eran responsabilidades
del Estado sino de 'el establecimiento'. Pero esto
solo hasta cuando la posible actitud pasiva (por omisión)
se acabó y se volvió proyecto político
y tuvo éxito en la toma del Estado, tanto a
nivel de autoridades -alcaldías y gobernaciones-
como de presupuestos -salud, educación-, y
tanto a nivel local como nacional
Por eso leyes
como las de Justicia y Paz o decisiones como la de
preservarlos de la extradición, y por eso la
exigencia de que una negociación con la guerrilla
tendría que ser en condiciones más duras,
cuando la naturaleza de los grupos irregulares obligaría
a lo contrario.
Tampoco es aceptable la afirmación
de que la guerrilla tiene la obligación de
soltar unilateralmente los ciudadanos que tiene retenidos
y que por eso respecto a ellos no emanan obligaciones
del Estado. Si se liberan todos los civiles (como
parecía ser la política de las FARC)
quedan lo que ellas consideran prisioneros de guerra.
Más que la discusión de si en efecto
lo son, lo cierto es que fue en desarrollo de su función
como militares y en ejercicio de esa condición
que fueron capturados, por lo tanto la responsabilidad
del Estado por la situación que están
viviendo va más allá de si la guerrilla
está compuesta por 'bandidos', de si son 'secuestrados',
'retenidos' o 'prisioneros de guerra', y la del presidente
como representante del Estado es la de buscar su liberación
en base a que fueron capturados como militares y deben
ser recuperados como militares; es decir, como en
todas las guerras -civiles o internacionales- mediante
acuerdos humanitarios. No aplica la excusa de que
no se reconoce una situación de conflicto armado
o de beligerancia; la negativa de cumplir el DIH como
compromiso ante los otros Estados y con la Humanidad
no exime de la obligación que ante los servidores
del Estado se tiene.
Por último, en vez de la reacción
de 'apoyar al Presidente' como principio, y de aceptar
que él se confunde con o representa a 'la Patria',
deberíamos pensar si lo que a la Patria le
conviene y lo que necesita es un mandatario que como
gallo de pelea tiene una vocación guerrerista
que, sin consideración sobre los posibles resultados
ni sobre los costos que pueda implicar, encuentra
en la confrontación la satisfacción
a su temperamento y en la habilidad para la presentación
de argumentos -sean ellos ciertos o no- la capacidad
para encontrar el apoyo emocional -que no racional-
de la población.