Análisis y opinión al servicio de la democracia

 

COLOMBIA ES PASIÓN

POR JUAN MANUEL LÓPEZ CABALLERO


El slogan refleja una realidad colombiana. Esa realidad puede tener aspectos buenos y aspectos menos buenos. Lo segundo cuando esa pasión no está acompañada de la razón y se puede convertir en impulso descontrolado -por ejemplo agresividad-, o cuando induce a evitar tomar decisiones razonadas y razonables porque las sustituye.
La Operación Jaque fue un éxito porque le dio un golpe contundente a la guerrilla. Pero le dio sin embargo también un golpe contundente a quienes creemos en que el Derecho Internacional Humanitario es un avance de la civilización que se debe respetar; que el dialogo es mejor camino que la victoria militar como medio de resolución de nuestro conflicto; que los acuerdos humanitarios como parte del DIH y como "humanización" de las confrontaciones son imperativos mientras dura la guerra.

Pero a pesar de que el Gobierno afirma que ese rescate fue una operación humanitaria también puede ser entendido -y probablemente más correctamente- como una operación de guerra. Así lo ha mostrado el Gobierno al destacar que con esto la situación de la guerrilla cambió radicalmente, y al afirmar que ante esto solo les queda la opción de renunciar a su accionar.

Mucho se ha discutido respecto al uso de los emblemas de la Cruz Roja. Quienes desean minimizar este hecho sostienen que no habría violación porque el propósito no era matar guerrilleros y que por eso no les dispararon. Esto presenta varias contradicciones: Una, la de la presentación inicial que fue que no lo quisieron hacer para que los guerrilleros entendieran que se les abría la puerta para el diálogo; otra la de la afirmación de que no llevaban armas; y, por último, que si las llevaban habrían mentido respecto a los dos anteriores.

Se pretende que no hay violación porque la Cruz Roja no instauró demandas. Ella nunca lo hace, pues su esencia es la neutralidad y la aceptación y no confrontación con ninguna de las partes. Pero 'toma nota' y recuerda que se ha violado el DIH. Difícil una constancia mayor que la dada en este caso.

En esta discusión no se ha destacado que el usurpar la imagen de la Cruz Roja es diferente de la 'perfidia' Esta última, una violación en sí, consiste en simular por cualquier medio una acción neutral o humanitaria para engañar al adversario. Y aunque las mismas normas permiten el engaño como regla de la guerra -como estratagema- por eso excluyen el que se haga alrededor de simular actos que eso aparenten.
Otra desviación ha sido el mencionar el texto del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional sin diferenciarlo del artículo del DIH del Protocolo I Adicional. El del Estatuto menciona: "vii) Utilizar de modo indebido la bandera blanca, la bandera nacional o las insignias militares o el uniforme del enemigo o de las Naciones Unidas, así como los emblemas distintivos de los Convenios de Ginebra, y causar así la muerte o lesiones graves" y así reivindican que no hubo ni lo uno ni lo otro. Pero en el Protocolo se menciona también la captura. Dice:

Artículo 37: Prohibición de la perfidia

1. Queda prohibido matar, herir o capturar a un adversario valiéndose de medios pérfidos. Constituirán perfidia los actos que, apelando a la buena fe de un adversario con intención de traicionarla, den a entender a éste que tiene derecho a protección, o que está obligado a concederla, de conformidad con las normas de derecho internacional aplicables en los conflictos armados. Son ejemplos de perfidia los actos siguientes:

c) simular el estatuto de personal civil, no combatiente; y

d) simular que se posee un estatuto de protección, mediante el uso de signos, emblemas o uniformes de las Naciones Unidas o de Estados neutrales o de otros Estados que no sean Partes en el conflicto.

La razón de la diferencia es que el énfasis de la Corte Penal es el de sancionar delitos -por eso es penal-, mientras que el DIH busca evitar que se afecte la posibilidad de acciones humanitarias por la pérdida de credibilidad en ellas. El usar indebidamente la apariencia de una operación humanitaria pone en entredicho todas las que bajo esa forma se puedan desarrollar a futuro. Por eso ni el resultado (sin muertos), ni la precisión respecto a cuál signo se usó o quién lo hizo, (si fue el de la Cruz Roja o los mismos que se usaron en la liberación de los rehenes cuando la intervención de los helicópteros venezolanos y las cámaras de Telesur) cambian la razón por la cual es contrario al DIH.

Los costos pueden ser grandes a largo plazo. Y sin duda lo son a corto plazo: se volvió remota la eventualidad de un acuerdo humanitario; de parte de la guerrilla, porque además del ánimo que debe dificultar cualquier aproximación a él, cualquier propuesta quedara sujeta a la duda sobre otro posible engaño; y de parte del Gobierno porque la operación fue hecha justamente para mostrar que no eran necesarios esos acuerdos para la liberación -o para salir de la presión que se hacía porque se llegara a ellos-.

La perspectiva de que ésta fue una operación de guerra, dirigida justamente a una victoria estratégica y a probar que no es necesario aplicar el DIH para liberar a los cautivos, lleva a terribles conclusiones: por un lado, al costo señalado anteriormente tanto en el corto como en el largo plazo; por otro a distanciarnos del mundo civilizado que no acepta que 'el fin justifica los medios' y el 'todo se vale', y ve en el DIH un progreso de la humanidad; y por otro, que, al igual que la guerrilla, nosotros somos en algo engañados por que se nos pretende vender que esa operación fue humanitaria y no parte de la guerra. Porque recordemos la frase de Alberto Lleras: "un país mal informado no tiene opinión sino pasiones".

 

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