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COLOMBIA EN LA TRAMPA DE LA
ECONOMÍA GLOBAL
POR JORGE IVÁN GONZÁLEZ*
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Colombia sufre
los vaivenes erráticos de la economía
mundial, sin que la política económica
pueda hacer nada significativo para evitar
los daños. Los comportamientos cíclicos
se han intensificado y, con ellos, la incertidumbre
sobre el futuro.
En el último año, los hechos
económicos más significativos
han sido: la pérdida del valor del
dólar, el aumento del precio del
petróleo, el crecimiento del precio
de los alimentos, y la crisis hipotecaria
en los Estados Unidos. Estos hechos están
relacionados aunque a veces los vínculos
no sean tan directos.
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El dólar ha perdido valor por
una razón fundamental: el gobierno de Bush
ha inundado el mundo de dólares para financiar
la guerra de Irak. Esta es la causa principal de
la caída del dólar en todas partes.
En Colombia el Ministro de Hacienda ha dicho que
la revaluación del peso tiene que ver con
la mayor competitividad de la economía nacional.
Esta lectura es ingenua, o simplemente populista.
De todas formas no reconoce que la raíz del
problema radica en la abundancia de dólares
causada por las necesidades de financiación
de la guerra norteamericana.
En Colombia se ha tratado de contrarrestar la revaluación
del peso con medidas de política monetaria
que no han sido exitosas. Se han combinado tres
mecanismos de intervención: administrativos,
compra de dólares y financiación a
los exportadores perjudicados por la revaluación.
Los controles administrativos a la entrada de capitales
han sido débiles, la compra de dólares
ha sido insuficiente, inútil y costosa (la
deuda interna crece porque se emiten TES con el
fin de obtener los pesos necesarios para comprar
los dólares), y los subsidios a los exportadores
terminan siendo paños de agua tibia.
El precio del petróleo ha favorecido los
ingresos por exportaciones, pero ya comienza a presionar
la inflación, y a impactar el precio de los
alimentos. En su afán por controlar la inflación,
el Banco de la República ha mantenido tasas
de interés relativamente altas. Esta medida
tiene dos inconvenientes: frena la actividad económica
y es contradictoria con los instrumentos que se
han puesto en práctica para evitar la revaluación
del peso. Si la tasa de interés en el país
sube con respecto a la tasa de interés internacional,
los capitales golondrina llegan a Colombia, agudizando
la revaluación del peso.
Frente a las fluctuaciones de los mercados internacionales,
la mejor protección es el mercado doméstico.
Colombia puede producir los bienes básicos,
pero para que ello sea posible se requieren políticas
claras que desestimulen la ganaderización
y que incentiven en las ciudades la producción
de los bienes de consumo masivo o "bienes-salario"
(vivienda, vestido, educación, etc.). Estas
medidas son efectivas si se lucha contra la concentración
de la tierra, con un enfoque que supere la lógica
terrateniente y pre-liberal del hoy Ministro de
Agricultura. La inflación no se combate solamente
con instrumentos monetarios, sino que también
debe haber preocupación por los factores
estructurales que inciden en los mayores precios.
Colombia está metida en la trampa de la economía
global. Los márgenes de acción pueden
parecer pequeños desde la perspectiva ortodoxa
con la que se suelen entender estos problemas. Pero
si se rescata la dimensión política
e institucional, es posible pensar en formas de
ordenar la sociedad distintas que nos permiten protegernos
de la dinámica errática de la economía
global. Existen alternativas: Primero, frente a
la revaluación es necesario incrementar los
controles administrativos, y por el lado monetario
el Banco de la República no debe continuar
aumentando la tasa de interés, así
haya que pagar un costo de 2 o 3 puntos de inflación.
Segundo, frente al aumento del precio del petróleo
y el alza de los precios de los alimentos es necesario
intensificar la exploración; aumentar el
valor agregado (refinería); reducir la importación
de automóviles (la movilidad en Bogotá
y las grandes ciudades del país cada día
tiene más problemas); consolidar el mercado
interno, comenzando por la construcción de
vías, de tal manera que se garantice la seguridad
alimentaria.
Tercero, debemos buscar formas alternativas para
utilizar los excedentes que tiene el Banco de la
República, con el fin de convertir la abundancia
de moneda en bienestar. Menciono algunos mecanismos:
pago directo de deuda externa por parte del Banco
de la República, sin necesidad de que la
adquisición de los dólares esté
mediada por operaciones de deuda interna; utilización
de parte de las reservas para compra de equipos
y maquinaria, permitiéndoles a los inversionistas
que paguen la deuda en pesos; utilización
del ahorro financiero (como el que manejan los fondos
de pensiones) en la financiación de grandes
proyectos de inversión, etc. Hay alternativas.
Basta cambiar de enfoque.
*Catedrático de Economía de la Universidad
Nacional de Colombia. www.razonpublica.org.co
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